Déficit Atencional:


En este tema se incluyen dos artículos interesantes.
La Tercera, viernes 02/09/2005. Tendencias. "El déficit atencional acentúa la impulsividad en adolescentes".
Síntomas: Algunos síntomas que indican que un hijo adolescente, sin déficit atencional diagnosticado, pudiera presentar esta enfermedad son:
  • Desorden general, tanto en el colegio como en la casa.
  • Gran dificultad para organizar su tiempo.
  • Pérdida frecuente de útiles, tareas y objetos personales.
  • Inicia muchos proyectos, pero no los termina y realiza las cosas a última hora.
  • Desmotivación, inseguridad y baja autoestima.
  • Se distrae fácilmente y tiene poca capacidad de mantener la concentración.
  • Da la sensación de que no escucha cuando se le está hablando.
  • Con frecuencia llega atrasado al colegio.
  • Muy creativo con tareas que no son obligatorias.
Alrededor del 70% de los niños con síndrome de Déficit Atencional persisten con los problemas de impulsividad, dificultad para resolver problemas, toma de decisiones e inatención durante su paso a la adolescencia. No basta que un adolescente sea más "rebelde" o más desinteresado para sospechar de un Déficit Atencional, sino que debe existir una historia de mal rendimiento y problemas de conducta. Es decir, que presente síntomas desde los siete años que es cuando se presentan las primeras señales del cuadro.
Poseer el síndrome les acarrea problemas con sus pares. A nivel familiar, los conflictos surgen porque necesitan constantemente que les recuerden lo que tienen que hacer y eso agota tanto a los padres como a los hijos. Como viven el día a día, tienen dificultades para planificar su trabajo escolar. Por otro lado, no son capaces de inhibir el impulso a entretenerse y pasan horas frente al computador o jugando videojuegos. Y en eso sí pueden estar concentrados.
La psicoterapia debe incluir rutinas diarias que los ayuden a organizar su tiempo día a día y eso requiere colegios con educación especializada. En la casa se requieren cambios de rutinas familiares, tales como sacar de la pieza de los adolescentes los distractores como la televisión o el computador.

Otro artículo interesante es el publicado en La Tercera, 19/11/2004. Tendencias. "Identifican los genes que causan déficit atencional en niños chilenos".
Estas variaciones genéticas son específicas de la población nacional. Se trata de dos trozos de ADN que cuando están presentes simultáneamente explican el 90% de los casos de déficit atencional. Esto permite hacer un diagnóstico exacto de la condición, sin correr el riesgo de medicar a niños que no padecen el trastorno y sólo son inquietos.
Así concluye un estudio hecho en 28 familias que dieron su consentimiento para que a sus niños se les hiciera un detallado estudio genético. Los estudios internacionales demuestran que son al menos cinco los genes que intervienen en esta condición, que se manifiesta desde los seis años y tiende a desaparecer en el 50% de los casos después de los 24.
El estudio hecho por científicos chilenos descubrió que sólo dos genes, el DRD4.7 (receptor de dopamina) y DAT1.10 (transportador de dopamina) son los responsables de que los menores se distraigan, molesten a sus compañeros y saquen de quicio a sus profesores. Su presencia conjunta es la más determinante, aunque cada uno por separado tiene una leve incidencia en esta condición. El trabajo fue presentado para su publicación en el American Journal of Medical Genetics y sus autores postulan a fondos para extenderlo al resto del país.
"Hace dos años comenzamos a trabajar y sabíamos que hay asociación entre este trastorno y ciertos genes", explica el director del Programa de Genética de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, doctor Francisco Rothhammer. En estos niños existe poca dopamina en el circuito nervioso llamado mesolímbico, lo que produce la impulsividad y facilidad para distraerse. Además, esta deficiencia de dopamina hace que estos niños, al crecer, sean fácil presa de adicciones. "Se ha visto asociación de este déficit con alcoholismo, tabaquismo, marihuana y cocaína, entre otras sustancias", advierte el doctor Rothhammer. Es por ello que los adultos que sufren esta condición son conocidos como los novelty seekers o buscadores de sensaciones nuevas, ya que se hacen adictos al impacto de la adrenalina.
La ampliación del trabajo busca estudiar otras poblaciones: "La pascuense presenta mayor incidencia de déficit, quizás porque cuando sus primeros habitantes se embarcaron en balsa para llegar a la isla necesitaban la impulsividad que caracteriza esta condición para lanzarse a la aventura", dice Francisco Aboitiz, neurobiólogo de la U. Católica, quien participó en el proyecto junto con la neuróloga infantil Ximena Carrasco y a la sicóloga clínica Paula Rothhammer. También estudiarán a los aimaras del norte que presentan menos déficit que el promedio de la población, así como los mapuches en el sur.
Al tener un mapa genético de la condición es posible precisar el diagnóstico evitando que cualquier menor inquieto reciba medicamentos sin necesidad. Un perfil genético que detecte las variaciones que causan el déficit tendría un costo, dicen los investigadores, de $ 8.000 (19/11/2005).
A esto se suma que no todos los menores requieren drogas: pueden realizar meditación o yoga para controlar impulsos y focalizarse en sus tareas. En EE.UU. ahora se les enseña una técnica llamada neurofeedback para concentrarse en lo que hacen. Según el doctor Francisco Aboitiz, el déficit atencional representa una manera distinta de explorar el mundo y de distribuir el tiempo que se dedica a las cosas. Los niños que lo sufren tienen problemas en mantener la atención en algo sin recibir refuerzos positivos, como sucede en la tradicional clase expositiva de la escuela. Sin embargo, pueden mantenerse atentos cuando reciben refuerzos, como cuando juegan Nintendo.
"Estos niños son malos en tareas de atención sostenida, pero son mejores que los demás en trabajos de atención dividida, donde hay que estar atento a dos estímulos al mismo tiempo", asegura Aboitiz. Este científico ha estudiado la atención periférica de estos niños: los menores debían contar las veces que aparecía un rostro de mujer en el centro de la pantalla de un computador, donde se alternaba con un rostro de hombre. Al mismo tiempo, alrededor de ese centro aparecían rostros masculinos y femeninos como flashes periféricos. "El niño común realiza sin problemas la tarea, pero el menor con déficit registra lo que sucede en el centro de la pantalla y también lo que sucede en la periferia", revela el académico.