Grupo NEUROREDES: Avenida 11 de Septiembre Nº 1881, Oficina 923. Providencia. Teléfono: 3769496.    
La adicción a psicoestimulantes:

Una enfermedad de actualidad por su creciente penetración en la sociedad y que requiere el trabajo interdisciplinario de diferentes especialistas, entre ellos el neuropsicólogo es la drogodependencia. Por esta razón nos extenderemos en este tema basados en el trabajo de E. FERNÁNDEZ-ESPEJO, REV NEUROL 2006; 43 (3): 147-154 148, bajo el título de "Neurobiología de la adicción a psicoestimulantes".

Los psicoestimulantes son sustancias capaces de reducir los umbrales de alerta o de vigilia, de modo que el individuo responde con más facilidad o prontitud a los estímulos exógenos o endógenos. Los efectos subjetivos de todos los psicoestimulantes dependen de la personalidad del individuo, el medio en el cual se administran, la dosis y la vía de administración.

Hay diversos tipos de psicoestimulantes, que se clasifican en tres grandes familias: anfetamínicos (la anfetamina ), alcaloides naturales (la cocaína) y metilxantinas (los alcaloides metilxantínicos se encuentran en diversas plantas como el café, el guaraná, el cacao, la cola y el mate).

Los efectos estimulantes de la anfetamina (es una fenilisopropilamina ) se deben a la estimulación de la liberación de dopamina, noradrenalina y serotonina desde la mayoría de las regiones cerebrales. Además, posee débiles efectos inhibidores de la monoaminooxidasa y acciones directas en receptores dopaminérgicos.

Por su parte la cocaína, que es el alcaloide metiléster de benzoilecgonina, se cree que sus efectos reforzadores se deben a su capacidad de inhibir la recaptación de dopamina, noradrenalina y serotonina, por unirse al transportador de recaptación de aminas. Además, aumenta la actividad dopaminérgica, particularmente en el área tegmental ventral y en el núcleo accumbens, o sea, en las principales áreas del sistema dopaminérgico mesocorticolímbico. También incrementa la actividad glutamatérgica en el núcleo accumbens, en el área tegmental ventral, el estriado y la corteza prefrontal.

Y las metilxantinas son antagonistas de las acciones sedantes de la adenosina. Motivo por el cual, se piensa que el mecanismo de la excitación del sistema nervioso central producido por estos fármacos es consecuencia del bloqueo de receptores de adenosina. Son antihipnóticos, analépticos, vasodilatadores y estimuladores cardíacos. También son broncodilatadores y diuréticos, de acciones moderadas y poco riesgo. La cafeína es la principal metilxantina y el ingrediente psicoactivo del café, el chocolate y las bebidas de cola. La cafeína produce alerta aumentada, disminución del sueño, el cansancio y la fatiga, pudiendo aumentar la capacidad de realización de determinadas tareas. En dosis mayores produce excitación, ansiedad e insomnio. Al igual que otras xantinas, presenta acción diurética, inotrópica positiva, cronotrópica positiva y broncodilatadora. En dosis bajas produce una sensación aumentada de bienestar y capacidad mental. Con dosis mayores puede desarrollarse irritabilidad, temblor fisiológico e hiperactividad refleja. Los efectos dependen de la sensibilidad del individuo y la velocidad de metabolización. El consumo crónico provoca tolerancia y dependencia física. La suspensión de 1-4 tazas de café en la mañana, en un usuario regular, origina pereza mental, sentimientos de depresión e incapacidad para pensar, escribir o desarrollar procedimientos cognitivos de una forma coherente. En los grandes consumidores de café se ha descrito la aparición de un síndrome de abstinencia, que se caracteriza por cefaleas, ansiedad, irritabilidad y letargia. Estos síntomas se alivian rápidamente ingiriendo cafeína, lo que demuestra que se trata de un síndrome de abstinencia.

Cuando se fuman o se inyectan por vía intravenosa, la metanfetamina y la cocaína producen casi inmediatamente una intensa sensación de placer, conocida como rush, comparable al orgasmo. Se sigue de una sensación de aumento de la energía y del estado de alerta, que se acompaña de disminución del apetito y de la sensación subjetiva de cansancio. También disminuye el tiempo de sueño, sobre todo la fase REM. Se experimenta un aumento subjetivo de las capacidades y habilidades. A medida que la reacción eufórica desaparece, se experimenta una sensación de disforia y decaimiento, más pronunciada cuanto más rápidos o intensos han sido los efectos. Este cuadro se acompaña del deseo intenso de volver a experimentar los efectos. Cuando estas drogas se aspiran no hay rush y la euforia tarda más en aparecer. La metanfetamina origina estos mismos efectos por vía oral. Pueden producir nerviosismo, agitación, temblor, fiebre, insomnio, confusión y, en algunos casos, estados de delirio y de pánico, e incluso ideación paranoide. La metanfetamina y la metilenedioximetanfetamina son neurotóxicas en animales, dañando las neuronas dopaminérgicas y serotoninérgicas, pero la cocaína parece no tener efectos neurotóxicos (excepto en altas dosis). La anfetamina estimula el generador respiratorio y tiene acción anticinetósica. La cocaína prolonga la euforia del alcohol y mejora algunos de sus efectos depresores, además de poseer propiedades anestésicas locales. Periféricamente ejercen efectos alfa y beta-adrenérgicos: taquicardia, hipertensión asistólica y diastólica, vasoconstricción, midriasis, aumento de la glicemia y de la temperatura, contracción de esfínteres y retraso digestivo.

Respecto a la dependencia, el consumo de anfetaminas por vía oral se ha dado típicamente en estudiantes, conductores de camiones y deportistas. Los grandes consumidores de anfetamina y cocaína tienden a presentar ciclos en que se alternan períodos de gran consumo, en que apenas comen o duermen, con otros libres de consumo. También se presentan patrones de uso circunstancial que pueden producir dependencia, con graves alteraciones médicas y psiquiátricas. Las sobredosis de anfetamina rara vez son letales; el peligro lo constituyen la hemorragia cerebral y el daño renal. Los poderosos efectos vasoconstrictores de la cocaína en la sobredosis, pueden ocasionar hipertensión aguda grave, infarto de miocardio y apoplejía. La acción anestésica local contribuye a las convulsiones. Las víctimas fallecen en minutos por arritmias, depresión respiratoria o convulsiones.

Grupo NEUROREDES: Avenida 11 de Septiembre Nº 1881, Oficina 923. Providencia. Teléfono: 3769496.